viernes, 16 de octubre de 2009

Patagonia I

Hoy sigo explorando esta zona del sur de Argentina. Puede que no sea tan espectacular como el Parque Nacional de los Glaciares, pero sin duda merece la pena.



Esas carreteras interminables me hechizan. De aquí vengo, hacia allí voy. ¿Alguien puede ver la diferencia?



El paisaje es desértico. No hay agua suficiente para que crezcan árboles, y el fuerte viento, casi huracanado, tampoco ayuda.





El río Santa Cruz, uno de los escasos cursos de agua que atravieso. Esos cielos cubiertos de nubes me matan.




¡Cuidado! Una curva.


Se les acabó la pintura… Hace siglos que no me cruzo con nadie. Nunca estuve más solo en mi vida, ni siquiera en los bosques de Nueva Zelanda.




Algunas señales me hacen gracia. Aquí en Europa todas las obras están en construcción, así que resulta un poco redundante. En otra ocasión encontré otra que ponía zanja abierta. Como si puedieran estar cerradas. Hablamos el mismo idioma, pero con algunas diferencias curiosas.

viernes, 9 de octubre de 2009

De El Calafate a El Chaltén

Cambiamos el hielo, al que ya hemos dedicado bastantes entradas, por los paisajes de la Patagonia, pero las nubes siguen acompañándome. Debe ser que me han cogido cariño.

Una carretera sin pintar, pero que al menos está bien asfaltada, me lleva hacia el norte. Forma parte de esa mítica Ruta 40 que da nombre a este blog y que estamos recorriendo a saltos.


El paisaje puede parecer anodino, pero os aseguro que ver un horizonte tan extenso y lejano te hace sentir muy pequeño. Bienvenidos a la inmensidad.





Las nubes son espectaculares.


La carretera gira para esquivar los Andes que se elevan al fondo y el Lago Argentino a la izquierda. Busco una foto que fue portada de una conocida revista, pero no la encuentro.


Sólo las vallas de las inmensas estancias ponen coto a nuestra vista.


Giramos hacia el oeste, acercándonos a las montañas. No en vano, El Chaltén es el paraíso de los escaladores.



Me pierdo la visión del monte Fitz Roy, oculto tras las nubes. Una verdadera lástima, pero hace tiempo que aprendí a convivir con estos sinsabores. No vale la pena lamentarse. Robert Fitz Roy fue el capitán del Beagle, el famoso barco en el que viajó Charles Darwin.

Hay un camino que lleva a un pequeño lago, pero me advierten que no es adecuado para turismos, así que me conformo con una pizza y busco algún plan alternativo. Continúo hacia el norte, explorando esta parte de la Patagonia que tantos turistas dejan de lado, hasta llegar a Tres Lagos.



Hace tiempo que la pista es de ripio y la tarde avanza inexorable; es momento de regresar a por un solomillo y un buen vino argentino.

domingo, 4 de octubre de 2009

El Perito Moreno desde las pasarelas

El glaciar tiene unos cuarenta kilómetros de largo, aunque desde aquí sólo podemos ver un tercio aproximadamente. Una de las razones por las que es tan famoso es por ser tan accesible.


Ahora entendemos por qué no nos llevaron a caminar por esta parte del glaciar.


Aunque hay bastante gente, no hay agobios. El lugar es suficientemente grande para todos, con abundantes miradores.




Ayer estábamos ahí abajo, sobre el agua, admirando la pared norte.


Hoy nos toca recrearnos con la inmensidad del hielo. Algo habrá que hacer entre todos para preservar tanta maravilla.



Los notros ponen la nota de color en el paisaje. Otras flores, más modestas, nos obserban desde el suelo.





Sé que me repito con las fotos, pero cómo obviar esos azules. Una paleta de colores fríos que sin embargo no te dejan indiferente.






Os dejo con un par de panorámicas.