viernes, 30 de enero de 2009

El lado argentino de Iguazú I

Aquí tenéis un plano del parque. Arriba a la izquierda está la Garganta del Diablo, a la izquierda está el lado brasileño, con sus impresionantes vistas y a la derecha el lado argentino, donde se concentran la mayoría de los saltos, casi 300, dependiendo de las lluvias. El centro de recepción de visitantes y los restaurantes los encontráis abajo a la derecha.


Después del día de ayer ya tenía una ligera idea de lo que me esperaba, pero aún así fue muy emocionante. Como ya dije, llegué temprano por la mañana, algo que recomiendo, y no paré en todo el día. La vista desde el circuito superior es una maravilla.



Aquí pueden verse las embarcaciones que te acercan a las cascadas; la ducha está garantizada, así que llevad bañador o un impermeable. Te dan una bolsa de plástico para guardar aquello que no queréis que se moje.


Hay senderos en varios niveles, muy fáciles de seguir, que te acercan hasta el mismo borde de las cascadas. Una ventaja de contratar la excursión de los botes es que luego te suben en todo-terreno, pero también se puede hacer andando.



No sé vosotros, pero yo podría quedarme aquí durante horas, observando cómo se precipita el río, sacando fotos sin parar.


Hay rincones verdaderamente idílicos, como éste de Las Dos Hermanas. Apetece un bañito, ¿verdad?


El río cae con mucha fuerza, como atestigua la nube de agua a pesar de que no había viento.



Como de costumbre, los que quieran saber más pueden pinchar aquí.

viernes, 23 de enero de 2009

La Garganta del Diablo

La visita desde el lado argentino lleva más tiempo y requiere un poco de organización, porque hay muchas pasarelas y hace falta coger trenes eléctricos que están sujetos a unos horarios. Las colas pueden ser largas y conviene estar un poco antes de la hora.

Una ventaja, que sin embargo yo no utilicé, es que hay varios restaurantes estilo buffet dentro del parque y algo de sombra donde guarecerse del sol y descansar un poco.

La Garganta del Diablo es en mi opinión la parte más espectacular, una zona en forma de herradura donde el agua cae en mayor cantidad y con más fuerza. Conviene ir a primera hora de la mañana, bajarse del tren y caminar hasta ella sin entretenerse, para llegar cuando aún hay poca gente. Las fotos del camino pueden hacerse tranquilamente a la vuelta.



El Río se precipita con violencia por un desnivel de casi cien metros. Pequeños pájaros vuelan por entre los saltos de agua y parece imposible que no sean arrastrados por ella.


Aquí se puede observar la nube de agua. Al fondo a la derecha está el ascensor y la pasarela del lado brasileño, donde había estado el día anterior. La vista es espectacular y como esta vez el viento soplaba en otra dirección todo fue más fácil.









Fijaos en lo cerca que está la pasarela del borde. El ruido del agua es atronador.


Esta otra pasarela fue arrancada en alguna riada, porque el nivel de las aguas depende mucho de las lluvias. El 2006 fue un año muy seco y en el 2008 tampoco está lloviendo demasiado, así que esperan una reducción del volumen para el 2009.


El río se divide en numerosos brazos y el agua discurre en calma sin saber lo que le espera unos pocos metros más adelante.





Les dejo un par de vídeos bastante cortitos.

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El lado brasileño de Iguazú III

Completamos la visita desde el lado brasileño con esta entrada, que es muy parecida a una que ya publiqué en Más extraño que la ficción. Dicen que la primera impresión es la que queda, y deben tener razón porque a mí tardará en olvidárseme. El lado argentino es el de la derecha de las fotos, pero lo dejamos para otra ocasión; hoy nos centramos en el brasileño.



Se baja cómodamente en ascensor, hasta la pasarela, que como veis discurre paralela al borde de la cascada. Es una forma de acercar la naturaleza a todos sin que ésta se vea dañada por los visitantes.


A la izquierda hay varios miradores desde los que admirar la caía del agua.


A nuestro lado aparece un mar embravecido, lleno de escollos.


El río sigue su curso, alterado aún, intentando recomponer sus aguas revueltas.


El lado argentino se oculta tras una cortina de agua arrastrada por el viento.





La cámara se llena de agua en un instante. Limpiar el objetivo, disparar, volver a limpiar… Es difícil enfocar bien.


La pasarela corre junto al borde y el agua se precipita veloz, bajo nuestros pies.


Mientras, el sol juega con las gotas de agua en suspensión.

El guía tuvo que cogerme del brazo y sacarme de allí, pero ya había sido abducido. Os dejo un vídeo par ver y, sobre todo, para escuchar.

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jueves, 15 de enero de 2009

El lado brasileño de Iguazú II

De los nueve kilómetros de caminata hemos hecho la mitad andando y la otra mitad en jeep, para ganar tiempo y no hacer esperar a los que están junto al barco. Nos dicen que el mirador de aves está cerrado porque hay demasiados mosquitos, cosa que a mí me suena a cuento chino, pero como no hay manera de comprobarlo, nos conformamos.


Estamos a unos 4km por encima de las famosas cataratas, que aún no hemos visto, por cierto (no desesperéis, que todo llega a su tiempo) y el río aquí es muy ancho y de fuerte corriente, aunque no se aprecie en las fotos.

Las orillas están cubiertas de una densa vegetación, entre la que destacan los bambúes, mucho más altos y gruesos de lo que yo los imaginaba.






Una de las ventajas de hacer excursiones de este tipo es que hay poca gente, la atención es más personalizada y se pueden ver más animales y plantas. El capitán conoce bien los lugares donde suelen tomar el sol los caimanes, aunque éstos salen huyendo en cuanto nos acercamos un poco. Más adelante nos encontramos con algunas crías.



Seguimos río abajo sin que el decorado cambie demasiado.



Y descubrimos unos cuantos gavilanes.


Otra vez en tierra, podemos admirar de cerca el tamaño del bambú.


Una araña de respetables dimensiones.


Y un buen montón de mariposas tan inquietas que no se dejan fotografiar.


Ahora sí, nos subimos al coche y ponemos rumbo a las Cataratas de Iguazú.